Huellas en la arena

La playa solitaria
le da intimidad y cobijo
esta mañana
helada y ventosa.

Anda descalza
sobre la arena falsa y dura
de la orilla,
ignora el frío.
Su mirada perdida
llora el anhelo,
sus lágrimas delatan
la lejanía del ser.

Ojalá pudiera retener el llanto,
no mostrarse débil,
ya lo ha ocultado bastante,
es hora de proclamarse
tal como es.

El sol naciente,
luz helada y mágica,
es mudo testigo,
la sorprende con las estrellas,
pidiéndoles consejo,
suplicando su ayuda.

Su corazón joven y aguerrido
desafía al amanecer
con lágrimas de acero;
es demasiado joven para sufrir,
o quizá por eso
su cuita sea mayor.

Mira el mar en calma,
espejo líquido
donde descansan las nubes,
depósito de vida y belleza,
tumba de sus deseos
perdidos y ojalá olvidados.

El amor fue pasajero,
no quiere ser Penélope,
tejer sin descanso
sumida en una eterna demora.
Desea olvidar
aunque no pueda.

Mira con tristeza
cómo se difuminan
las huellas de sus pisadas
sobre la arena húmeda.
Así deberían borrarse
sus recuerdos.

Se desvanecen
con el batir de las olas,
constantes y porfiadas.
Así se fue, sin sentir,
así acabó su sueño,
su historia,
su amor.

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