Si…

Si
no desfallecemos
en medio de la vorágine,
cuando se desata la tormenta perfecta,
cuando la desesperanza
campa a sus anchas
y es dueña y señora
de vidas y haciendas.

Si
nos afanamos en buscar
el brote verde,
ese botón a punto de estallar de vida,
el rayo de sol,
aunque frío y desvaído,
que pueda colarse entre las nubes.

Si
intentamos ayudar al que no puede,
aliviamos su soledad,
somos paraguas para la tormenta,
refugio para los oprimidos,
cayado para los cojos,
voz para los mudos
y ojos para los ciegos.

Si
damos de comer al hambriento,
de beber al sediento
y sentamos al pobre a nuestra mesa,
aunque no creamos
en tebeos milenarios.

Si
somos, no ya el faro,
solo el simple candil
que alumbre algún camino,
que despeje alguna duda.

Si
no nos extraviamos
en busca de epifanías
ni de elucubraciones oníricas.

Si
estamos en sintonía
con la naturaleza
y nos guiamos por la ley natural
como animales que somos.

Si
finalmente,
encontramos nuestro norte
y descansamos con la conciencia tranquila,
entonces seremos
lo que se viene a llamar,
buenas personas,
seres humanos.

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